-¿Te he hablado de la tensión de los opuestos?- Me pregunta.
-¿La tensión de los opuestos?
- La vida es una serie de tirones hacia atrás y hacia delante. Quieres hacer una cosa pero estás obligado a hacer otra diferente. Algo te hace daño, pero tu sabes que no debería hacértelo. Das por supuestas ciertas cosas, aunque sabes que no deberías dar nada por supuesto.
Es una tensión de opuestos, como una goma elástica estirada. Y la mayoría de nosotros vive en un punto intermedio.
-Algo parecido a un combate de lucha libre.-Le digo.
-Un combate de lucha libre.-dice riéndose- Sí: la vida podría describirse así.
-¿Qué bando gana entonces?-Le pregunto.
Me sonríe , con sus dientes torcidos.
-Gana el amor. El amor gana siempre.
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La cultura que tenemos no hace que las personas se sientan contentas de sí mismas. Y uno ha de tener la fuerza suficiente para decir que si la cultura no funciona, no hay que tragársela.
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Son muchas las personas que van por ahí con una vida carente de sentido. Parece que están medio dormidos, aún cuando están ocupados haciendo cosas que les parece importantes. Esto se debe a que persiguen cosas equivocadas. La manera en que puedes aportar un sentido a tu vida es dedicarte a amar a los demás, a la comunidad que te rodea y dedicarte a crear algo que te proporcione un objetivo y un sentido.
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- Mitch, me preguntaste por qué me preocupaba de personas a las que ni siquiera conozco. Pero, ¿Quieres que te diga lo que más estoy aprendiendo con esta enfermedad?
-¿Qué es?
-Que lo más importante en esta vida es aprender a dar amor y a dejarlo entrar.
Su voz se redujo a un susurro.
-Dejarlo entrar. Creemos que si lo dejamos entrar nos volvemos demasiados blandos. Pero un hombre sabio que se llamaba Levine lo expresó certeramente. Dijo: "El amor es el único acto racional."
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En mi vida me encontraba por todas partes con personas que querían engullir algo nuevo. Engullir un coche nuevo. Engullir un bien inmobiliario nuevo. Engullir el último juguete. Y después querían contártelo. "¿A qué no sabes lo que tengo?¿A qué no sabes lo que tengo?"
¿Sabes cómo he interpretado eso siempre? Estas personas tenían tanta hambre de amor que aceptaban sucedáneos. Abrazaban las cosas materiales y esperaban que éstos les devolviera el abrazo de alguna manera. Pero eso no da resultado nunca. Las cosas materiales no pueden servir de sucedáneos del amor, ni de la delicadeza, ni de la ternura, ni del sentimiento de camaradería.
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